Padre Fernando Pascual, L.C.

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Mensaje de la semana 

 

 

Vida temporal y vida eterna

 

Reconocer que existe una vida tras la muerte lleva a valorar más en serio la vida presente.

¿Por qué? Porque saber que algo nos espera más allá de la muerte suscita preguntas sobre la relación entre lo que ahora hagamos y lo que ocurrirá en la nueva existencia.

Si, además, creemos que existe un Dios que une en sí la justicia y la misericordia, podremos dar una mayor importancia a todo lo que hagamos en el momento presente.

Cada ser humano escoge su propia biografía. En la vida temporal, esa biografía tiene momentos claros y momentos oscuros. El bien y el mal se mezclan continuamente.

Luego, en las relaciones con los demás, sentimos apoyos o abandonos, reconocimientos o desprecios, alabanzas o condenas.

Lo que digan y piensen los demás, sin embargo, nunca llega a lo íntimo de la conciencia. Hay alabanzas y críticas que surgen desde el engaño, la mentira, la envidia.

En cambio, la mirada de Dios penetra hasta lo íntimo de cada uno, de forma que nada queda oculto ante quien es nuestro Padre y busca nuestro bien, sin obligarnos nunca a escoger lo que nos pide.

La biografía presente prepara lo que nos espera tras la muerte. Hay una conexión íntima entre lo que hacemos y lo que ocurrirá cuando comience la vida eterna.

Un corazón humilde y arrepentido puede limpiar sus errores gracias a la misericordia, y esforzarse en reparar los daños. De esta manera, se prepara para ser acogido en la casa del Padre.

La mirada del alma otea el horizonte que inicia tras la muerte. La eternidad avanza cada día un poco más. El ahora corre veloz.

Si escojo rectamente, si dejo a un lado el egoísmo, si busco acoger amor y darlo a los demás, invierto la vida temporal de la mejor manera posible, al anticipar ya ahora un poco lo que será, desde la misericordia de Dios, la vida eterna...