Padre Fernando Pascual, L.C.

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Mensaje de la semana 

 

Dos miradas al universo

 

El universo, ¿es algo solamente material? ¿Inicia y termina desde fuerzas ciegas y leyes físicas inflexibles? ¿ Resulta incompatible con las ideas de un proyecto creador, de un Dios que lo origine, y de una meta que le dé sentido?

Tales preguntas ayudan a reflexionar sobre la existencia terrena y su posible relación con algo que vaya más allá de los acontecimientos medibles. Según sea la respuesta, la vida humana adquirirá un sentido u otro.

Para quienes ven el mundo solo como un dinamismo explicable con leyes físicas, no queda espacio para la transcendencia. Ni Dios tiene lugar, ni existen almas espirituales, ni hay responsabilidades éticas más allá de los frágiles juicios humanos.

En cambio, quienes ven el mundo como surgido del Amor de un Dios omnipotente, y como orientado hacia una meta que va más allá de lo material, dan un valor único al espíritu, a la libertad, a la ética, y al destino tras la muerte.

Son dos miradas muy diferentes al universo en el que nos encontramos. Ciertamente, en cada una de esas miradas se esconden muchos matices, desde quienes aceptan un humanismo sin Dios y abierto a la bondad humana, hasta quienes asumen una visión determinística, que no deja espacio alguno a la libertad.

¿Cuál de esas dos miradas sería la correcta? Los filósofos de todos los tiempos han intentado dar con la respuesta. También las religiones ofrecen sus perspectivas. En el fondo, cada ser humano tiene su modo de afrontar la pregunta, y llega a conclusiones más o menos precisas sobre el tema.

No faltará quien afirme que no vale la pena buscar el sentido que pueda tener el universo, lo cual, aunque aparentemente rehuye afrontar el problema, es otro modo de responder ante el mismo, aunque sea con la respuesta de que no vale la pena buscar tal respuesta...

Mientras seguimos en camino, el mundo externo y el mundo interno (esa conciencia desde la que tomamos decisiones cada día) nos interpelan y nos exigen dar respuestas. Serán buenas o malas, benéficas o dañinas. Por eso vale la pena no cejar en el esfuerzo por conquistar aquellas que más se acerquen a la verdad y nos orienten mejor hacia la belleza, el bien y la justicia.