Padre Fernando Pascual, L.C.

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Sobre la naturaleza

Varias obras del pensamiento griego antiguo llevaban ese sencillo nombre: “Sobre la naturaleza”. Con ello lo decían todo y, para algunos, no decían nada...

Porque, ¿qué se entiende por naturaleza? ¿Lo que no es producido por el hombre? ¿Se incluye también lo que el hombre hace cuando imita lo preexistente?

La noción de naturaleza no resulta fácil. Ciertamente, el pájaro, la orquídea, el abeto, son parte de una naturaleza que no ha sido inventada por el ser humano.

Pero, como alguno dirá, ya existen plantas modificadas por la habilidad del hombre, incluso desde hace siglos. Además, las posibilidades se han incrementado últimamente con la poderosa ingeniería genética.

Si la mirada se vuelve a los humanos y a todo lo que han elaborado a lo largo de la historia y en culturas diferentes, ¿estamos ante hechos naturales o artificiales? Lo artificial, ¿es antinatural, anatural, paranatural?

Las preguntas podrían ser muchas, y las respuestas varían según definamos cada término.

Algunos podrían reconocer como natural todo aquello que es resultado de los procesos terrestres antes de que los mismos hayan sido alterados por los hombres.

Si se admite esa visión, todos los cambios producidos en el planeta a partir de acciones humanas libres, desde un injerto hasta un móvil, serían no naturales.

Otros dirán, desde una cierta interpretación filosófica del darwinismo, que el hombre es tan natural como cualquier planta carnívora o como un dique de castores. Entonces, todo lo que producen los hombres goza del mismo estatuto natural que damos a lo producido por las demás realidades terrestres.

Esta segunda perspectiva crea un sinfín de problemas y no será, ciertamente, aceptaba por muchos. ¿Es que serían igualmente naturales el incendio de un bosque producido por un rayo y el incendio de otro bosque provocado por especuladores sin escrúpulos que usan encendedores y pastillas para fuego?

Hablar de naturaleza, y confrontar las acciones humanas con los eventos “naturales”, no resulta sencillo. Requiere aceptar una visión filosófica correcta, y hoy compiten entre sí filosofías muy diferentes que afirman, respectivamente, ser mejores que las demás.

A pesar de las dificultades, es importante pensar y definir qué entendemos por naturaleza y por natural. Solo entonces será posible una ulterior reflexión sobre el ser humano, para estudiar si sus comportamientos son tan “naturales” como los de los demás seres vivos, o si existe en él algo que lo hace diferente del resto de inquilinos del planeta...