Padre Fernando Pascual, L.C.

Congregación Legión de Cristo

 

 

 

Bioética

Iglesia

Familia

Reflexiones Espirituales

Temas de actualidad

Testigos del amor de Dios

Valores

 

Mensaje de la semana  

 

Carta a un superviviente del aborto

 

 

Algunos dicen que no deberías haber nacido, que leyes "represivas" impidieron tu destrucción, o que se equivocó el médico en el test prenatal.

Por eso piensan que tu existencia es errónea, que solo por "culpa" de otros estás aquí en el mundo.

Gracias a un mínimo de conciencia ética no terminaron contigo. Has pasado la frontera del parto y ahora estás protegido por la ley.

Pero muchos seres humanos como tú no llegan a ese momento porque fueron eliminados a causa del aborto: legal o no legal, en cada aborto se acaba con la vida de un hijo.

Tú sobrevives y testimonias que tu vida vale la pena, como cualquier vida humana. Quizá tengas algún "defecto", quizá te hayan abandonado en el hospital. Pero muchos corazones buenos han empezado a darte apoyo en el camino de tu vida.

No sé qué sentirás cuando, ya adulto, escuches a muchos defender el aborto. Será un gesto muy noble de tu parte si ayudarás a otros a acoger a los hijos antes del parto.

Pienses lo que pienses en el futuro, podrás defender tus ideas en público solo porque estás vivo en el mundo de los que han nacido, porque has sido sostenido y ayudado en tu fragilidad humana.

Aunque algunos dicen que tu existencia es el resultado de errores diagnósticos, de abortos mal realizados, o de leyes que impiden eso que llaman "interrupción voluntaria del embarazo", tú tienes ahora en tus manos opciones de libertad que a otros les han sido negadas.

Deseo de corazón que uses esa libertad para el bien, para la justicia, para apoyar a tantos inocentes en situaciones de precariedad. Que defiendas a los descartados del mundo, a los pobres, a los que son vistos como inferiores por quienes se autoconsideran jueces que deciden sobre la vida o la muerte de otros.

Sigue tu camino. Has ganado la primera batalla. Habrá nuevas amenazas, pero ahora eres visible y protegido. Tu mirada, tu sonrisa, tus lágrimas, llegan a otros. Y tus manos pueden tocar otras manos que desean construir un mundo un poco humano y más justo.