Mensaje de la semana
Acciones y futuro
Ponemos
agua al fuego; cuando empiece a hervir, echaremos el arroz o la
pasta. Entramos en una página de trenes. Compramos un boleto en
oferta para el próximo mes, esperando gozar de salud para entonces.
Buscamos cómo ahorrar al ir al mercado, pensando en el dinero que
nos servirá cuando llegue la jubilación.
Continuamente
emprendemos acciones con la mirada puesta en el futuro. Muchas veces
ese futuro es inmediato: calentar el agua para luego tener una buena
comida. Otras veces el futuro está lejano: el próximo mes, o incluso
en los próximos años.
En ocasiones, el futuro no se realiza.
El billete de tren quedó inservible, porque cogimos una gripe dos
días antes del viaje previsto. Los ahorros para la jubilación se
acabaron cuando tuvimos que pagar unos impuestos nuevos que no
habíamos previsto a tiempo.
Gracias a Dios, son muchas las
ocasiones en las que el futuro “llega” como habíamos previsto: el
arroz ha quedado muy bien, hicimos el viaje sin problemas, y
aquellos esposos tuvieron holgura económica en sus primeros años
como jubilados.
Los futuros se construyen desde las acciones
presentes. Esas acciones son, en buena parte, resultado de nuestras
decisiones. En buena parte, también, se entrecruzan con las acciones
de otros: de un gobierno que nos asfixia con impuestos, de un
sindicato que organiza huelgas salvajes de trenes, de unos médicos
que se equivocaron en un diagnóstico y nos hicieron perder una
enorme cantidad de dinero.
Debería causar sorpresa ver que el
futuro se realiza como habíamos previsto. También debería ser
habitual prepararnos ante imprevistos que aparecen en ese futuro y
nos llevan a cambiar todos los planes.
La vida transcurre
así, con miles de acciones que ponemos en marcha desde la esperanza
de que las cosas irán bien, pero con la incerteza de que no podemos
controlar las variables que aparecen en las diferentes encrucijadas
del camino.
En ese continuo esfuerzo por tomar buenas
decisiones, orientadas a un futuro que esperamos prometedor, vale la
pena alargar la mirada y pensar en un futuro definitivo, que da
sentido a cada existencia humana: el que inicia tras la muerte,
cuando nos encontraremos con un Dios justo y misericordioso, que
acepta todas esas acciones que hayamos realizado desde el amor y
para amar...